Caura amenazada

La megadiversidad biológica, la diversidad cultural, la alta producción hídrica y los servicios ambientales prestados a la humanidad, no son razones suficientes para conservar la cuenca del río Caura, cuando de extracción de oro se trata

Aunque su superficie representa sólo un cinco por ciento del territorio venezolano, la cuenca del río Caura, ubicada al sur de Venezuela, es considerada por muchos científicos como una de las últimas fronteras forestales de bosques húmedos del planeta, que se conserva prístina.
Sin embargo, su megadiversidad biológica, su diversidad cultural, su alta producción hídrica y los servicios ambientales prestados a la humanidad, no son razones suficientes para su conservación, cuando de extracción de oro se trata.

En días pasados, cerca de 600 mineros fueron desalojados por las autoridades militares en una nueva incursión a este ecosistema único en el mundo, luego que miembros de la organización indígena Kuyujani denunciaran ante la Asamblea Nacional y los organismos de seguridad del Estado la presencia de mineros en la zona.
“Reconocemos que el trabajo es un derecho humano y como tal lo respetamos, pero debe ejercerse con responsabilidad, porque las consecuencias de esta práctica amenazan los derechos que todos tenemos, de contar con un ambiente sano, agua limpia, seguridad, tranquilidad y a una vida en armonía que tenemos los Yekwana y Sanema que allí vivimos”, aseveró el coordinador general de Kuyujani, Arturo Rodríguez.
Aunque son diversas las amenazas que se ciernen sobre esta cuenca, desde el avance de la frontera agrícola y ganadera, la explotación ilegal de madera, la creación de una ciudad y hasta un posible aprovechamiento hidroeléctrico; la minería es la única actividad económica que está totalmente prohibida por las leyes venezolanas.
Tal como lo advierten científicos locales, el incremento de la actividad minera en esta cuenca, comprometería este ecosistema que presta un valioso servicio ambiental contra el calentamiento global al preservar 1.4 billones de toneladas de biomasa que garantizan, aproximadamente, el 0.14 por ciento del oxigeno del planeta (la Amazonía aporta el 20%).

ESTADO MINERO
Desde la llegada de los españoles a estas tierras, han sido varios los intentos por explorar la misteriosa cuenca del Caura, pero lo intrincado de su selva y lo abrupto del Salto Para, la hicieron impenetrable, hasta que en los siglos 18 y 19, la avaricia de los explotadores de los aceites, las resinas, el balatá y la sarrapia impactaron negativamente no sólo sobre los frondosos bosques de la cuenca, sino también diezmando los grupos indígenas de la zona. Ahora, en pleno siglo 21, la “leyenda del Dorado” amenaza nuevamente la cuenca del Caura.
El director estadal del Ministerio de Ambiente, Hugo Núñez recuerda que desde hace 300 años, Bolívar ha sido un territorio minero, una actividad que va irrumpiendo en sitios de donde son desalojados por la fuerza militar, no obstante ser “una actividad que está absolutamente prohibida en la cuenca del Caura”. Explica que la labor del Ministerio se ha centrado en desarrollar programas de educación ambiental en los sectores mineros e indígenas del estado.
Pero la misma historia da cuenta de que ante una “bulla minera”, no hay conciencia ambiental que detenga al minero.
Para la antropóloga e investigadora de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Uneg) Nalúa Silva Monterrey, “los mineros ilegales han sido denunciados ante las autoridades y capturados infraganti, pero una cierta parálisis institucional hace que se les deje libre y ellos regresen a cometer sus fechorías, sin embargo es una de las responsabilidades del Estado a través de sus instituciones resguardar esta zona y garantizar su conservación”.

BOSQUES ÚNICOS
“Los bosques del Caura poseen características que los hacen únicos. Por un lado en la parte baja presentan características orinoquenses y en la parte alta se presentan como los bosques amazónicos”, explica la antropóloga.
En efecto, un estudio científico llevado a cabo por el Instituto de Investigaciones Ecológicas Orinoco-Esequibo, Fundación La Salle, Wildlife Conservation Society y el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad de Wisconsin (USA), da cuenta de la variedad de zonas de vida que existen en esta cuenca, las cuales van desde el bosque tropical seco al bosque montano húmedo.
Esta cuenca abarca los municipios Sucre y Cedeño, ubicados al oeste del estado Bolívar, albergando en sus 5 millones de hectáreas, cinco áreas bajo régimen de administración especial: el parque nacional Jawa Sarisariñama, ecosistema de tepuyes (mesetas) únicos en cuyas cimas se encuentran las enigmáticas cavernas de 350 metros de profundidad vertical, con flora y fauna altamente endémica; el Monumento Natural Serranía de Maigualida e Ichún Guanacoco, además de la Zona Protectora Sur del Estado Bolívar, importante reservorio de agua donde se ubica la cabecera de varios ríos; y la Reserva Forestal El Caura, decretada así desde 1969 dado los valiosos bosques que posee.
Se estima que el caudal promedio anual del río Caura es de 3.500 metros cúbicos por segundo, de los cuales 2.050 salen del Salto Para y los restantes 1.500 son aportados por los ríos Nichare, Mato, Tacoto, Sipao, Cucharo y Tigrera.
Además, conserva el 17 por ciento de las especies florísticas del país y más del 32 por ciento de la fauna nacional y reporta una diversidad étnica representada actualmente por siete grupos indígenas: Ye`kwana, Sanema, Hotï, Pemón, Guajibo, Piapoco y Kariña.
La antropóloga Silva Monterrey advierte que la presencia minera pone en peligro todo esto e incluso la supervivencia de los pueblos indígenas.
Dijo que la obligación de resguardar este patrimonio, no sólo para los lugareños sino también para nuestros hijos y sus descendientes, los ye’kwana y sanema del Caura, llevó a los organismos de investigación regionales y a las instituciones con competencia en la zona, a comprometerse en buscar soluciones oportunas, “las cuáles parten de la toma de conciencia colectiva sobre la importancia de este reservorio de vida para nuestro país y del compromiso de todos para evitar su destrucción”.

CONSECUENCIAS PARA EL ECOSISTEMA RIBEREÑO
El impacto de la actividad minera en este ecosistema único viene siendo evaluado por un grupo de investigadores de la Uneg y Fundación La Salle, los cuales advierten sobre la inexistencia de medidas de descontaminación y reconstrucción, “económicamente viables”, para ser aplicados en este hábitat.
Los científicos explican que tanto los bosques ribereños como otras comunidades arbustivas actúan como reguladores de las características físicas y químicas de los ecosistemas acuáticos adyacentes, influenciando a su vez la biodiversidad de los mismos, a través de las cadenas biológicas: bacteria, fito y zooplancton, macroalgas, invertebrados terrestres y acuáticos, peces, mamíferos de agua dulce, batracios, reptiles, aves, así como algunos vertebrados terrestres.
Asimismo, explican que la minería dispersa en grandes áreas, tóxicos mercuriales generando una devastación ecológica por cuanto:
1 Destruyen los suelos
2 Aumentan la carga sedimentaria en los ríos con la consecuente alteración de su dinámica hidráulica, de los hábitat y biota ribereña existente
3 Desaparecen y extinguen las especies locales
4 Contaminan los peces con mercurio y por ende a las poblaciones humanas que los consumen
5 Disminuyen el recurso pesquero que es la principal fuente de sustento de las poblaciones del área
6 Sobreexplotan los recursos naturales por el aumento súbito de la población en la región
7 Promueven un aumento de la incidencia de enfermedades emergentes y endémicas.

CRISIS PARA REFLEXIONAR
“Las crisis son buenas porque sirven para que la gente reflexione”, dijo alguna vez la antropóloga Nalúa Silva Monterrey y este es el momento de asumir el compromiso de la corresponsabilidad que obliga en su artículo 125, la Carta Magna de Venezuela: “proteger el ambiente en beneficio de sí misma y del mundo futuro”. ¿Cómo hacerlo?
“Bueno, si ustedes conocen a alguien con poder para actuar en esta problemática llámelo y plantéele la situación, no podemos permanecer impasibles. Pongamos entre todos nuestro granito de arena”, menciona tajante Silva Monterrey, defensora a ultranza de la última cuenca prístina del mundo tropical.
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