Una simbiosis aliada en la restauración de bosques

Las micorrizas arbusculares establecen una asociación entre las raíces de las plantas y algunos hongos, permitiendo captar elementos fundamentales para el desarrollo de las plantas. Una asociación beneficiosa cuando los suelos son muy pobres en nutrientes

Si le preguntan cuál es su lugar favorito, Alicia Cáceres no dudaría en responder que es el bosque y para ser más exactos, los inmensos árboles que conforman el bosque tropical húmedo del Amazonas. Desde hace más de 15 años, esta bióloga e investigadora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), viene desarrollando su línea de investigación en esta parte de la geografía venezolana.


Su tesis de maestría en Ecología, cursada en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), la realizó en San Carlos de Río Negro y más recientemente trabajó en la zona de la reserva forestal Sipapo, tierra ancestral de la comunidad indígena piaroa, donde formó parte del grupo de investigadores multidisciplinarios integrado por la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Los Andes y el Instituto de Biología Experimental de la UCV, que llevaron a cabo un estudio agroforestal en el marco de la Agenda Amazonas que coordina el Fonacit. Cáceres se dedicó al estudio de la alteración que pueden producir los conucos establecidos por los indígenas piaroa, en todos los mecanismos de conservación de los sistemas forestales, entre los que se encuentran las "micorrizas arbusculares".

VIDA EN COMUN
Es conocido que toda planta desarrolla sus raíces en el suelo, de donde extraen los nutrientes necesarios para su crecimiento, sin embargo existe una gran cantidad de raíces que viven con unos diminutos hongos con quienes establecen una asociación de beneficio mutuo conocida como “micorriza”. Una vida en común que, según todas las evidencias científicas, data de hace 400 millones de años, cuando aparecieron las plantas terrestres.
Tanto el hongo como la planta se dan la mano. Una de las muchas bondades de esta simbiosis “obligada”, como la califica Cáceres, es que el hongo facilita la incorporación de fósforo y otros elementos como el nitrógeno, a las plantas, especialmente cuando los suelos son muy pobres en nutrientes y ácidos como los del Amazonas. Por su parte, la planta proporciona los carbohidratos que requiere el hongo para su desarrollo.
Estudios revelan otras ventajas de las micorrizas, entre ellas: incrementan la captura de otros nutrientes como el zinc (Zn) y el cobre (Cu); le confiere a las plantas propiedades resistentes ante ciertos patógenos, y contribuyen a mejorar la estructura del suelo y el balance hídrico. Otras investigaciones señalan que la tasa de restauración de un ecosistema afectado se ve incrementada al inocular hongos micorrizados en dichas áreas degradadas.
“Cuando se perturba la capa orgánica de estos bosques, lo que queda son arenas, y todo parece estar comprendido entre la raíz y la hojarasca que se encuentra allí; por eso, al ser removidas las primeras capas del suelo, este tipo de perturbación produce alteración en el mecanismo de conservación y con ello, en las micorrizas”. Recordó que la colonización de raíces finas por las micorrizas arbusculares se producen en los primeros 20 centímetros de profundidad del suelo.

MEDIANA INTENSIDAD
Los estudios realizados por la investigadora de la UCV se llevaron a cabo en barbechos que eran conucos abandonados con un tiempo estimado de 6, 12 y hasta de 24 años.
Una vez que estos conucos se cultivan por uno o dos años son dejados y es lo que se denomina la etapa del barbecho; el estudio de Cáceres comprende precisamente, ver cómo se reestablece este inoculo de micorrizas a través de la sucesión del bosque.
Las conclusiones obtenidas indican una perturbación considerada de mediana intensidad que no altera realmente la capa orgánica, porque es una quema del bosque y su hojarasca. Hay una recuperación de las micorrizas a través de la sucesión del bosque, es decir, luego que se quema viene un periodo de cultivo de dos a tres años, después se abandona y pasa a ser barbecho, periodo estimado entre 15 a 20 años, durante el cual se recuperan las mismas características del bosque tropical. De hecho, el estudio permitió observar un incremento de las especies propias del bosque primario en los barbechos más viejos, mientras que en los conucos y barbechos de seis años, la biomasa de raíces finas fue menor, demostrando que “la composición florística varía en función de la edad de las parcelas sucesionales aunado a un alto número de especies micotróficas en todas las situaciones estudiadas”.

BENDITA YUCA
La bióloga indicó que esta recuperación no sólo se debe a que es una quema que no afecta la capa orgánica del suelo, sino también a la yuca. Según explicó, este alimento básico de la dieta indígena es altamente micotrófica, es decir; es una especie que necesita de la micorriza para su crecimiento, y al sembrarla, comienza a reestablecer ese inoculo que se perdió al quemarse el bosque.
“La perturbación que producen por eso es de mediana intensidad, porque al sembrar la yuca y otras especies frutales como el pijiguao y la mocura, se reestablece ese inoculo y la sucesión de las especies propias del bosque se van incorporando a estos barbechos en el tiempo”.
Sin embargo, la investigadora advirtió que las presiones ejercidas por algunas poblaciones que utilizan estos barbechos de forma inmediata sin permitirles a los mecanismos de regeneración actuar, porque vuelven a quemar sobre unas tierras o suelos muy arenosos, ocasionan una recuperación muy lenta del bosque. “Se calcula que pueden ser entre 200 años lo que se lleve para recuperar un bosque original, una vez talado y quemado”.

INOCULANTES
El problema, tal como lo indica la investigadora de la UCV, Alicia Cáceres es que en los suelos ácidos del Amazonas, las micorrizas se encuentran en muy bajas cantidades por lo que actualmente, trabaja con el laboratorio de la científica del IVIC, Gisela Cuenca, para producir inoculantes a partir de la yuca.
Se mostró confiada en los resultados obtenidos hasta ahora, por cuanto la inoculación del hongo micorrizado en la yuca, ha permitido aumentar la productividad. “Estamos inoculando también especies forestales propias como frutales, establecimos viveros, para que los piaroas lleven esos frutales al campo, a fin de aumentar la sobrevivencia del bosque; porque si tu llevas al campo una planta que tiene una mayor altura, más vigorosa, tendrá una probabilidad de sobrevivencia mucho mayor y de producción de frutos más rápido”.
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