La difícil tarea de unir voluntades


El séptimo Congreso Venezolano de Ecología realizado esta semana en Ciudad Guayana fue el punto de encuentro para reflexionar sobre la necesidad de integrar los sectores oficiales, científicos y productivos del país

El séptimo Congreso Venezolano de Ecología realizado esta semana en Ciudad Guayana, culminó dejando dos sensaciones contrapuestas.
La primera de éxito en cuanto a la organización y participación masiva de estudiantes e investigadores (más de 800 inscritos) ávidos de intercambiar información científica valiosa que se está produciendo en el país; y una segunda sensación de incertidumbre por saber si esa información científica se verá traducida en políticas públicas y en soluciones a los problemas ambientales del país o continuará represada dentro de las “torres de marfil” que se alzan tanto en el sector oficial como en el sector científico.


DESCONEXIÓN ENTRE ACTORES
Para el presidente de la Sociedad Venezolana de Ecología, Pascual Soriano en ocasiones esa interlocución o conexión entre el sector científico y el sector productivo de desarrollo del país no se da “bien sea porque las instituciones mismas no están interesadas en hacerlo o porque hay circunstancias que no lo permiten”. Otras veces, ocurre como en los matrimonios “que hay dos de por medio”, se atreve a comparar el vicepresidente de la Fundación La Salle, Daniel Lew, “y uno se pregunta si la investigación científica se debe aproximar hacia los sectores productivos o viceversa”.
Cree que la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología será una herramienta fundamental para empezar a conectar los sectores involucrados en el desarrollo científico.
Angel Viloria, subdirector del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) cree que esa conexión dependerá de las expectativas que tengan la gente, las autoridades nacionales, los ministros y el propio Presidente de la República.
“En muchos casos las críticas que se reciben constantemente tienen que ver con la manera cómo en Venezuela se viene haciendo ciencia, hay muy poca gente que se dedica a la ciencia en comparación con la población nacional, para lo cual el Estado invertirá mucho dinero en becas tanto en pre como postgrado”.
Informó que desde el IVIC se proyecta la transformación del Centro de Estudios Avanzados en una universidad de Ciencias Básicas. “La visión es multiplicar, que las instituciones científicas dejen de estar aisladas funcionando más para satisfacer las iniciativas personales y trabajar más en función de proyectos de interés nacional”.
Afirma que en Venezuela se ha llegado a un nivel alto en cuanto a la publicación de trabajos científicos, pero de ahí a utilizar esa información para realmente resolver un problema ecológico del país “es un paso muy grande, que nos está costando dar”.
Y cuesta porque según Viloria “estamos acostumbrados a comprar la resolución del problema y no a pagarlas; hay que estudiar la moral ecológica de nuestro sistema de desarrollo en donde tenemos cien años sacando petróleo para que otras naciones lo quemen y yo diría que estamos asumiendo un grave problema del exceso de dióxido de carbono en la atmósfera”.

INVESTIGACIÓN APLICADA
El que se incluyan las investigaciones, que cada dos años se exponen durante el VII Congreso Venezolano de Ecología, en los planes de desarrollo del país es algo que, al menos en el pasado, se ha dado pero “no en la medida que hemos deseado”, confiesa Soriano. “El problema muchas veces es que algunas instituciones oficiales están de espaldas al llamado que hacen los científicos con relación a algunos problemas. “Hacerse escuchar y que se tomen en cuenta sus recomendaciones cuesta porque muchas veces están en contra de ciertos intereses económicos o políticos”.
Lew cree que se trata de un problema más estructural que de falta de voluntad, “es como la felicidad, tú no puedes decretarla, tienes que construirla. La percepción que tengo es que se deben ir creando los espacios en la medida en que la producción científica vaya generando productos que sean de interés, comprensión y aplicación; por ejemplo, sabemos que la minería ilegal es un grave problema ambiental en el sur de Venezuela, pero el problema social también debe ser entendido. Si se manejan de manera asilada ambos problemas es imposible resolverlo porque la solución de uno es el problema del otro”.

PRIMEROS PASOS PARA LA CONEXIÓN ENTRE SECTORES
Jesús Ramos, coordinador de la Oficina Nacional de Diversidad Biológica del Ministerio de Ambiente, dice que hay una voluntad por parte del Gobierno Nacional en concertar con el mundo científico la implementación de políticas de desarrollo e investigación de manera que puedan ser utilitarias en un futuro, en la toma de decisiones. Pero insistió en que éste es un gobierno “altamente humanitario convencido de que si queremos resolver los problemas de pobreza tenemos que trabajar con la gente”.
La voluntad del Estado en acercarse al mundo científico se ha manifestado por ejemplo en la estrategia nacional para la conservación de anfibios en Venezuela es un ejemplo de ese esfuerzo, asegura Ramos.
“Lo que pasa es que las investigaciones deben incluir la parte social. Estamos convencidos desde el Gobierno que si no involucramos a la gente que vive con esa biodiversidad y es parte del paisaje, no estaremos haciendo el enlace entre los diferentes actores; no podemos venir a dictar políticas desde un escritorio sin contar con ellos. Debemos lograr ese enlace y que la ciencia en Venezuela tome en cuenta a la gente que está en los sitios de investigación pero no para ir a decirles lo que tienen qué hacer sino para que participen”.
Hace dos semanas Ramos estuvo en la zona de Suripá (Barinas) para integrar a la población en la conservación de dos especies en extinción como son la tortuga arrau y el caimán del Orinoco, “porque ellos están en la cuenca del Orinoco y debemos inculcar esos valores de conservación que siempre han existido en ellos, pero que debemos reforzar. Muchos piensan que debemos trabajar por mejorar la calidad de vida, pero de ¿cuál modelo de calidad me hablas? Acaso de tener un vehículo último modelo en la puerta de la casa, un televisor, entonces la calidad de vida la debe definir la gente y la misión del Estado es acompañarlo en ese proyecto de vida donde los elementos de conservación de la diversidad biológica estén involucrados”.

TRADUCIR LA INFORMACIÓN CIENTÍFICA
No es científica. Más bien ha pasado los últimos 30 años dedicada a elaborar políticas relacionadas con la conservación y el desarrollo sostenible. Yolanda Kakabadse preside desde 2004, el Panel Asesor de Ciencia y Tecnología del Fondo Ambiental Global (GEF) para atender necesidades de los grandes ecosistemas globales. Su experiencia le dice que es vital que ambos sectores interactúen para crear políticas públicas apegadas a la realidad y sustentadas en el conocimiento de la ciencia. Pero para ello, es necesario “traducir” esa información científica “que está en 10 mil páginas a algo que tenga menos páginas pero que les sirva a al Presidente de un país, a los líderes mundiales, comunidades locales y organizaciones no gubernamentales”. Insiste en que la sociedad ha construido una barrera entre ellos y el mundo académico, por no entender su contenido, mientras que el tomador de decisión improvisa mucho en sus decisiones, porque no se asesora con los científicos.
Una integración que considera necesaria y que debe empezar por romper esas “torres de marfil” que a su juicio han sido impuestas. “Ambos creen que sus grados de conocimientos o necesidades los distancian mucho del otro y es un pecado que ha ido creciendo, porque cada uno también se ha ido aislando de su sector sintiéndose no reconocido, sobretodo en América Latina”.

La experta en comportamiento humano, Yolanda Kakabadse asegura que se necesitan los intermediarios para poder tumbar esas “torres de marfil”, es necesario que distintos actores tanto del Gobierno como de la sociedad civil, empresa y gobiernos locales, constituyan espacios para traducir esa información científica y que los mismos científicos identifiquen grupos de personas que puedan analizar toda esa información científica y traducirla en recomendaciones políticas.
“Pero los políticos también tienen que hacer un esfuerzo en destinar financiamiento para que ese grupo de personas puedan receptar esa información y traducirla para su uso”. ¿Elegir diputados científicos, no sería una manera más expedita de tumbar esa torre de marfil?
De hecho un decidor político debe tener a un científico de asesor que le indique las opciones. Citó como ejemplo la decisión que acaba de tomar el Presidente de Francia con relación a no construir más autopistas y que la inversión en transporte será en trenes, esa es una decisión política importante basada en la ciencia. Un tren que acarrea mil personas acarrea menos gases de efecto invernadero (uno de los causantes del cambio climático) que mil vehículos en una autopista.
La pregunta de muchos es saber cuál de las 594 investigaciones expuestas a través de conferencias, carteles, sesiones orales, simposios y talleres; encontrará eco en esa “torre de marfil” donde elaboran las políticas públicas. Claro siempre habrá la posibilidad, tal como lo dijo el subdirector del IVIC, que los ministros considerados claves en materia ambiental en el país, “se reúnan con algunas de las personas que asistieron al evento”. Roguemos porque así sea.

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